jueves, 22 de enero de 2009

transmisión, causas, sintomas

Trasmisión:

Una persona puede contraer la malaria a través de la picadura de un mosquito anófeles hembra infectado, principalmente en el horario comprendido entre el anochecer y el amanecer. Sólo los mosquitos anófeles pueden transmitir la malaria y deben haber sido infectados con el parásito de esa enfermedad a través de la harina de sangre previamente tomada de una persona infectada.
La malaria no se transmite de una persona a otra como el refrío o la gripe. Una persona no puede contraer malaria por el contacto ocasional con personas infectadas con malaria.
Cuando un mosquito pica a una persona infectada con malaria, el insecto toma una cantidad reducida de sangre que contiene los microscópicos parásitos de la malaria. El parásito crece y madura en el intestino del mosquito durante una semana o más, luego se traslada a las glándulas salivales del mosquito. Cuando el mosquito vuelve a alimentarse con la sangre de una persona, los parásitos se mezclan con la saliva del mosquito y se inyectan en el torrente sanguíneo de la persona.
Una vez que se encuentran en la sangre, los parásitos de la malaria se trasladan al hígado e ingresan a los hepatocitos para crecer y multiplicarse. Durante este período de incubación, la persona infectada no presenta síntomas. Luego de unos ocho días o de varios meses, los parásitos abandonan los hepatocitos e ingresan a los glóbulos rojos. Una vez allí, los parásitos continúan creciendo y multiplicándose. Luego de madurar, los glóbulos rojos infectados se rompen y liberan los parásitos que atacan e ingresan a otros glóbulos rojos. Las toxinas que se liberan cuando se rompen los glóbulos rojos son las que causan la sintomatología típica de la malaria, entre los que se incluyen fiebre, escalofríos y otros síntomas similares a la gripe.
Debido a que el parásito de la malaria se encuentra en los glóbulos rojos, también puede transmitirse mediante una transfusión de sangre, un transplante de órganos o el uso compartido de agujas o jeringas contaminadas con sangre. La malaria también puede transmitirse de una mujer embarazada al feto antes del parto o durante éste y se la denomina malaria congénita.





Causas:

Es una de las enfermedades infecciosas más frecuentes y uno de los principales problemas de salud para el viajero. Hay cuatro especies del género plasmodium (el parásito causante del paludismo) que transmiten la enfermedad al ser humano: Plasmodium vivax, P. Ovale, P. Malariae y P. Falciporum (el más mortífero). La causa principal de paludismo es el cumplimiento incorrecto de la quimioprofilaxis.
El riesgo de infección varía en función del itinerario, la duración del viaje, la época del año (época de lluvias, temperatura…), inmunidad de la población, distribución de lugares donde se crían los mosquitos y la prevalencia de las distintas especies. En el hombre la transmisión se produce por la picadura de la hembra del mosquito Anopheles. Es especialmente activa desde el anochecer hasta el amanecer. También se transmite por transfusiones de sangre o por jeringuillas infectadas. Otra causa, poco probable, es en los aeropuertos o alrededores. Si algún mosquito se “cuela” en un avión procedente de una zona endémica y escapa en una escala podría picar en otros países.





Síntomas:

El periodo de incubación depende de la especie que provoca la infección. Si son los P. Vivax u ovale, suele durar entre 10 y 16 días; si es el P. Malariae, entre 20 y 40 días, y si es el falciparum, entre 8 y 14. Los primeros síntomas no se distinguen de una enfermedad viral leve. En general son los siguientes:
Malestar general
Cefalea
Cansancio intenso (astenia)
Molestias abdominales
Dolores musculares (mialgias)
Fiebre y escalofríos Si la enfermedad evoluciona presentan varios cuadros, dependiendo del organismo infectante. Entre los síntomas menos graves están las alteraciones gastrointestinales, es decir, diarreas, vómitos, dolor de estómago y alteraciones biliares como ictericia o coletiasisis. También destaca la hepatoesplenomegalia o aumento simultáneo del tamaño del hígado y el bazo, que es constante para todas las formas de paludismo, y su frecuente asociación con el herpes en el labio.

























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